En la feria gastronómica líder en Medellín hubo vino hasta para tirar para el techo. Algunos visitantes, de los 38.500 que reunió en sus cinco días, asumieron ese rol y se los tomaron todos y un par de botellas más, otros se dejaron encantar por la diversidad de sangrías o los buenos lambruscos que ofrecían las marcas participantes, mientras yo me puse otra tarea: encontrar los vinos más ricos. No los más costosos, no los más famosos, no los de mayor tradición, sino, insisto, los más ricos, que no deja de ser un ejercicio subjetivo y por eso invito a que así lo asuman.

Los presento no del primer mejor al quinto más rico, sino en el orden estricto, como si fuera el de una cata de vinos: primero se prueban los blancos, después los rosados y al final los tintos. Y no se trata de una línea caprichosa, es la manera de permitirle al paladar que perciba, entienda y disfrute. En otro curso, por ejemplo iniciando con los tintos, las papilas estarán cargadas de taninos y lo que falte por probar sabrá a poco y nada. Vamos…

Un blanco muy rico: el Crasto Douro 2013. Nombre difícil de pronunciar, portugués proveniente del Douro rico para tener en la copa. Es elaborado con las muy locales cepas Gouveio, Viosinho y Rabigato, entonces nos saca de la zona de confort del Sauvignon blanc o el Chardonnay. Y eso es bueno: descorchar otras cepas, permitirse otros aromas y gustos. Ojalá tener el olfato tan afilado como para certificar la promesa del productor: lima, toronja y naranja. Yo llegué al buen punto de encontrar notas minerales, frescas y afrutadas, así en general.

Fresco, de acidez elegante, para regalarse y regalar a quienes aman los mariscos y los pescados (salvo atún y salmón, que mejor le van a Pinot noir o a rosados). Ábrelo frío.

Un rosado muy rico: siempre he pensado que no es cierto que haya vinos para hombres y otros para mujeres, además de los “unisex”. Pero aquí voy a romper esa regla propia y diré que el Enate rosado es, perdón, un “rosado de hombre”. Perdón, no se sientan excluidas. Lo voy a explicar mejor: es un rosado a la vista que en boca tiene alma de tinto, poderoso, no hostigante ni pesado, ni ligerito, con personalidad. Viene del Somontano, a los pies de los Pirineos, y es creado con Cabernet Sauvignon, de ahí su fuerza.

¿Te gustan el vino y los arroces y las carnes a la parrilla, el sushi, las pastas con salsas rojas? Este es el tuyo. ¿Te gusta el mondongo como a mí? ¡Únelos! Se la llevarán bien.

Un tinto muy rico: Cabernet Sauvignon Nero d’Avola, italiano, producido por Itinera. Intenso, afrutado, como cereza, mora, pimienta, especias, flores. Entra a la boca y te divierte, te anima a pedir más. En Colombia hemos tomado bastante Cabernet Sauvignon, algunos le temen por rústico y agresivo, pero aquí el 40% de Nero d’Avola, el envejecimiento durante 6 meses en roble y el saber siciliano lograron domar la bestia.

El día de comer pastas con salsas rojas especiadas, que tengan buen tomate maduro, albahaca, queso; el día de montar carnes en la parrilla: ese será un gran momento para este Itinera.

Otro tinto muy rico: argentino, de etiqueta linda, además memorable, tinto poderoso, que ensambla cepas que, por lo menos en Colombia, no estamos habituados a encontrar juntas. Es el Ciclos Ícono, proveniente de los valles Calchaquíes y creado con Malbec y con Merlot, por mitades, más una maduración de 15 meses en roble. Los vinos “fáciles de tomar” se llevan usualmente todos los votos, pero este es de aquellos que invitan a pensar, a volver a tomar, a leer la etiqueta, a esforzarse, de buena manera, en entender qué está pasando en la copa. Misterioso, complejo, atrapante.

¿Cómo servirlo? Va mi propuesta: tomarse dos copas sin comida, para dejarlo que se exprese como es. Luego, para la tercera copa y en adelante, ponerle una carne a la parrilla.

Y otro tinto muy rico: este Lealtanza 2005 es como para regalarle a un apasionadísimo del vino, al jefe, al socio mayoritario o al suegro. Y a usted mismo, que le gustan los vinazos. Este es el más costoso de la lista. Es un riojano, de etiqueta Gaudí, un Tempranillo criado durante 21 meses en roble. Afrutado, poderoso, elegante, que recuerda vainilla, cacao, pimienta.

Pide comidas de sabores intensos, para que haya armonía, para que el plato no quede superado. Es otro vino que conviene abrirlo, dejarlo respirar y abordarlo antes de las comidas. Sirve este y los demás tintos fresco, ni frío ni al clima.

Espero que les guste mi top 5. Si tienen más, sus aportes serán bienvenidos.